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Acto de inauguración V Congreso Internacional de Derecho Electoral
Gobernabilidad Democrática • 13/11/2008 Imprimir Bookmark and Share

V Congreso Internacional de Derecho Electoral

Acto de inauguración

Palabras del Representante Residente del Programa de las Naciones Unidas en México Magdy Martínez-Solimán

Veracruz, 13 de noviembre de 2008

Excma. Sra. Magistrada Presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís Figueroa Excmo. Sr. Fidel Herrera Beltrán. Gobernador Constitucional del Estado de Veracruz. Ilma. Sra. Arely Gómez González, Fiscal Especial para la Atención de Delitos Electorales Señoras y señores magistrados, amigos todos,

Me es muy grato participar a nombre del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en este V Congreso Internacional de Derecho Electoral. Hablar y reflexionar sobre la justicia electoral siempre es oportuno. Hacerlo al inicio del importante proceso que culmina con las elecciones legislativas mexicanas del próximo 5 de julio le confiere un significado especial. La propia convocatoria, en donde figuramos diversos actores del proceso electoral, da cuenta de la voluntad de enriquecer la mirada mexicana con aquellas que nos vienen de países tan diversos como Sudáfrica, la República Dominicana, Perú, Venezuela o Chile. En verdad me congratulo que en un ámbito como el derecho electoral, en donde México cuenta con tantas fortalezas, siga prevaleciendo la actitud curiosa y humilde de quien sabe que el aprendizaje nunca termina y que la emulación es una fuente de fortaleza.

Las elecciones son, qué duda cabe, procesos que involucran a un gran número y a una gran diversidad de factores y actores. Un proceso electoral limpio siempre tiene además el dramatismo de la incógnita, aún en los casos en los que el resultado se perfila más claro. Las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos son un buen ejemplo. Para quien se ha presentado a elecciones, cual es el caso de su servidor, las ha ganado las más de las veces, pero también las ha perdido e incluso empatado, hay siempre algo magnífico en la suprema y soberana voluntad del pueblo, de la que todo depende.

De suyo complejo, el camino del proceso electoral se enfrenta a los desafíos propios de un mundo en rápida transformación. Los impactos en nuestras sociedades de la creciente urbanización, de los cambios en las relaciones de género, de la mayor conciencia medioambiental, de la innovación tecnológica, de la comunicación predominantemente audiovisual del momento, suponen nuevos retos que deben atenderse para que el ciclo electoral siga reflejando de manera fehaciente el deseo de las mayorías. En México, estas transformaciones conviven con los desafíos que le son propios: hoy en día enfrentamos los retos del pasado y algunos, muy serios, de nuevo cuño, como son la preocupante emergencia de los financiamientos ilícitos o de la violencia asociada al narcotráfico dentro de la lid electoral.

En este contexto, el conjunto de reglas que norman el ciclo electoral cobran una fundamental importancia. No sólo son el reflejo de las decisiones que se han tomado colectivamente para asegurar el traspaso del poder, sino que dan cuerpo a la democracia al garantizar el desarrollo satisfactorio de sus procesos y la resolución pacífica de sus conflictos. El derecho electoral mexicano poco tiene que ver con el que vio nacer al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación hace 20 años. La calidad de la jurisprudencia acumulada por este órgano da fe de los enormes avances registrados en ese lapso de tiempo por la democracia mexicana.

Para que estas normas, reglas y su interpretación jurisprudencial puedan cumplir a cabalidad su razón de ser, necesitan de las instituciones. Frente a todo el debate, ya superado afortunadamente, de si estado o mercado, la verdad es que hacen falta más de los dos, pero desde luego más estado que vele por nuestras libertades. Y aquí también México cuenta con un andamiaje sólido. Para dar un ejemplo emblemático, permítame, Magistrada Presidenta, poner el ejemplo de la institución a su noble cargo. El Trife posee recursos, marcos normativos y capacidades humanas de magnífico nivel para asegurar que se aplique el derecho electoral en todo el territorio antes, durante y después de los comicios. Ese es el “más estado” del que les hablo.

Hoy en día, la comunidad internacional solicita el apoyo de la institucionalidad electoral mexicana desde lugares tan diversos como Haití, la República Dominicana, Kosovo, el Líbano, Timor Leste, Iraq, Bosnia y muchos otros. En estos países se valora mucho la experiencia mexicana sobre el terreno y, desde luego, en el ámbito de la impartición de la justicia. E incluso las grandes pruebas por las que ha pasado la administración electoral de México se van a terminar convirtiendo en un elemento de fortaleza adicional, en una medalla más en la larga lista de condecoraciones del sistema, que como muchas medallas, tal vez cubra una herida, hoy afortunadamente más cerrada que ayer.

En ese apoyo allende las fronteras, cuenta México con las Naciones Unidas como su aliado. Nuestro proyecto conjunto de cooperación más ambicioso se desarrolla justamente en el terreno de la aplicación del derecho electoral. Es el programa internacional de capacitación que junto con el Trife y el Instituto Federal Electoral está impulsando el PNUD en México y para el mundo. Señoras y señores, el Congreso que hoy nos convoca reúne ingredientes que me permiten augurarle un éxito pleno: oportunidad, integralidad y perspectiva comparada. El apoyo de la cooperación española al evento, un apoyo que también reciben de manera muy señalada la ONU y el PNUD, es una muestra más del interés de crear modernos vínculos de cooperación más allá de las fronteras. Sin derechos, no hay ciudadanos y tampoco hay instituciones. Y los primeros derechos son, sin lugar a dudas, civiles y políticos. Por eso es preciso cuidarlos tanto. Por eso, también es preciso profundizarlos.

El fin que perseguimos, desde distintos puntos del planeta, es el mismo: la realización de elecciones libres, equitativas, transparentes y respetadas. Sin estas características, resulta imposible avanzar en la construcción de una genuina democracia de ciudadanía. Cuando me preguntan si la democracia es solo elecciones, he de decir que no. Pero a renglón seguido, he de enfatizar que sin elecciones, no hay democracia en ningún lugar del mundo. Es por eso que Congresos como el de hoy cuidan de lo que, a la postre, es la condición necesaria e imprescindible de nuestras libertades.

Muchas gracias.



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