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Discurso en el Día Internacional de la Mujer celebrado en el Estado de México
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Discurso en el Día Internacional de la Mujer celebrado en el Estado de México

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• Excmo. Sr. Gobernador del Estado de México, Don Enrique Peña Nieto,

• Excmo. Sr. Presidente Municipal de Netzahualcóyotl, Edgar Navarro Sánchez

• Ilma. Sra. Vocal Ejecutiva del Consejo Estatal de la Mujer, Doña Lorena Cruz,

• Distinguidas participantes en este maravilloso día internacional de la mujer,

• Colegas de las Agencias de la ONU en México

• Señoras y Señores,

Permítanme en primer lugar, a nombre de las Naciones Unidas, expresarle al Sr. Gobernador, a la Sra. Lorena Cruz y al Sr. Edgar Navarro nuestro más sentido agradecimiento por la invitación y por brindarnos la oportunidad de dirigirles a ustedes unas palabras. Es un verdadero honor, es muy sobrecogedor, muy emocionante, y lo apreciamos en lo mucho que vale.

Hoy estamos aquí, en la Universidad Tecnológica de Neza, un grupo de dirigentes de la ONU para rendirles a Ustedes un testimonio de gratitud por lo que hacen en pro del bienestar de las mujeres en el Estado. Hoy firmamos un convenio con el Señor Gobernador, junto a la Directora Regional de ONU Mujeres, al representante de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, a la Representante en México de UNICEF, al Representante del Fondo de Población de la ONU, al Director Regional de la Oficina de la ONU para el Delito y las Drogas, al representante de la Organización Internacional para las Migraciones y al Oficial a Cargo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Hoy festejamos en Naciones Unidas un 8 de marzo muy especial, ya que, hace apenas unos días, nació la Organización ONU Mujeres, a la que dirige desde el 1 de enero la ex Presidenta de Chile, la Sra. Michelle Bachelet. Eso nos llena de orgullo, porque tal y cómo luchó en su país por los derechos de los más humildes y por la igualdad de las mujeres, tal y como demostró que no hay límites a lo que las mujeres pueden alcanzar, sabemos que a partir de ahora prestará su voz y su inteligencia a las mujeres del mundo, y también a las mujeres de México.

Los derechos de las mujeres son derechos humanos. Y los derechos humanos pertenecen, tal vez con mayor intensidad, a las mujeres, a las adolescentes y a las niñas, porque demasiadas veces han sido ignorados y postergados. Los derechos de las mujeres migrantes son derechos humanos. Los derechos de las mujeres jóvenes son derechos humanos. Los derechos de las mujeres trabajadoras y campesinas, de las mujeres empleadas, emprendedoras y profesionales, son derechos humanos. Las mujeres tienen más necesidad de que se les garantice su derecho a la seguridad, a la integridad y a la vida. Las mujeres necesitan más que nadie que se les asegure su derecho a la salud, a la salud sexual y reproductiva, a una maternidad querida y segura, al trabajo y a la educación. Los derechos de las mujeres son una parte fundamental, insustituible, del desarrollo humano.

Y sin embargo, nuestro desarrollo como sociedad no es pleno, está muy lejos de alcanzar su potencial. Seguimos negándonos a nosotros mismos las posibilidades más ambiciosas, porque no dejamos a la otra mitad del mundo ser lo que quiere ser. Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para conquistar esas metas de progreso y bienestar para la humanidad que cumplen en el año 2015, hay que conseguir niveles mucho mayores de igualdad. En la escuela, en las universidades, en el trabajo, en la casa, en el noviazgo y en la vida de pareja, en el consejo de administración de la empresa, en las Cortes de Justicia y en el Congreso, también en la ONU, en todas partes falta igualdad porque faltan mujeres, que están ahí fuera, sin que su talento sea reconocido.

Por eso estamos lejos de alcanzar esas metas. La falta de igualdad es discriminación. Y la peor expresión de esa discriminación es la violencia cotidiana que sufren muchas mujeres. Lo peor de lo peor, la forma extrema de esa violencia, es la muerte causada por odio hacia las mujeres, por desprecio hacia sus personas y sus vidas. El feminicidio debe ser castigado sin medias tintas, sin titubeos. No son las mujeres las que han de tener miedo, sino los cobardes que les ponen la mano encima, los violentos que pisotean sus derechos. El Estado tiene medios para hacer frente a quienes no saben convivir en libertad, y estamos hoy serenamente satisfechos de ver que el Estado de México se pone a la vanguardia del país para defender la seguridad de las mujeres y hacer que la ley sea dura con quienes les infligen sufrimientos.

Hace muy pocas semanas, Sr. Gobernador, nos recibió Usted en Palacio tras nuestra petición para darnos la oportunidad de compartir una preocupación. Su respuesta fue inmediata: se convocó el foro de mujeres, se debatieron los problemas, se indagaron sus causas y se propusieron posibles soluciones; se dictaron instrucciones para modificar las leyes, adjudicar más recursos, poner más policías y procuradores a trabajar en defensa de las mujeres del Estado, atender a las víctimas y prevenir las actitudes violentas.

Nuestro secretario General, el Sr. Ban Ki-moon, ha lanzado una campaña internacional para poner fin a la violencia contra las mujeres. La campaña se dirige sobre todo a los jóvenes, y quiere prevenir la brutalidad, combatir la impunidad, y requerir la responsabilidad de todos: de quienes están en el gobierno pero también de cada ciudadano, de los policías y de los jueces, de los periodistas y de los maestros, de las madres y de los médicos. Es una campaña mundial porque el problema existe en todo el mundo: la violencia contra las mujeres es la más sistemática y frecuente violación de los derechos humanos, pero solo afecta a la mitad de los humanos. Es un problema mundial, no un problema especial de México, pero es una desgraciada situación a la que México no escapa. Por eso es necesario hacer algo, hacer algo más, aquí y ahora.

En el convenio que hoy firmamos, acordamos amplificar y dar un altavoz a esa campaña para que se oiga fuerte en todos los rincones de la geografía mexiquense. El Gobierno de la entidad se comprometió a fortalecer las instituciones de la mujer y los presupuestos destinados a la igualdad. Acordamos hacer juntos el mapa de los focos rojos, de los lugares donde se repiten las situaciones de riesgo, para que allí se vuelquen las acciones de prevención, las fuerzas de seguridad y también las medidas de cuidado a las víctimas. Se decidió impulsar la red de centros de atención para que nadie tenga que volver a casa después de un episodio de violencia, si teme que pueda volver a suceder o simplemente necesita apoyo y refugio. Finalmente, del mismo modo que se ha dado el valiente primer paso hacia la tipificación del feminicidio, nos pusimos de acuerdo en revisar las leyes para que estén al servicio de las mujeres y ayuden a prevenir, a disuadir y en su caso a castigar la violencia contra ellas.

Es este un buen acuerdo firmado con un Gobierno y un Gobernador que ha demostrado la mayor sensibilidad social. Representa voluntad política de hacer las cosas aún mejor, mirando de frente a los problemas, tratando de encontrar soluciones, escuchando todas las voces, aún las opiniones más críticas, para escoger las mejores respuestas.

El otro día me preguntaba un periodista amigo acerca de las causas profundas de este problema de violencia machista, recordando que es un asunto mundial. Y me decía: “¿No será esto porque así somos?” Lo pensé y quiero contestarles como le contesté a él. Yo creo que así NO somos. Creo que la gran mayoría tratamos con respeto y con igualdad a nuestras parejas y a las mujeres de nuestras familias, de nuestro entorno. Creo que a la mayoría de los padres se nos parte el alma de pensar que nuestras hijas puedan sufrir la violencia de género que existe en esta sociedad. Creo que queremos que esas hijas tengan las mismas oportunidades que nuestros hijos, las mismas que tuvimos nosotros, o más. Creo que queremos tratar a las mujeres con corrección, como iguales y como lo que son: personas fundamentales en nuestras vidas. Creo que frente a los malos tratos, queremos reivindicar el buen trato. Creo que somos más bien hechos de afecto, de cariño, de amistad y de ternura que de desprecio, de agresividad y de odio. Así es como creo que somos, como queremos ser, y en todo caso como deberíamos de ser.

Hoy es un buen día, un buen 8 de marzo para celebrar. Porque frente a las amenazas y los riesgos, mucho se está moviendo para generar seguridad, respuesta y protección, autonomía y libertad. En el Estado de México, algo importante se ha decidido en estas semanas que va a llevar a cambios y a mejoras en muy poco tiempo. Estamos satisfechos de ver cómo un proceso de participación, de discusión y de propuesta fue escuchado, sopesado con seriedad y detonó la acción política, la política pública que esperábamos. La política pública de un Estado Eficaz.

Señor Gobernador, concluyo afirmando que, con este paso muy importante a fondo y adelante, naturalmente demuestra usted estar al tanto, al cabo de la calle, en contacto con la realidad de su estado y al mando de los instrumentos democráticos para cambiar las cosas. Pero con esa apuesta, no nos ponemos una medalla las Naciones Unidas; no gana usted, ni gana su gobierno. Ganan las mujeres del Estado de México, las más de 7 millones de mujeres representadas hoy aquí por esta formidable audiencia. Cuando ganan las mujeres, ganamos todos. Y cuando la aguja se mueve en este Estado de México que lleva el nombre del país, sabemos ya por experiencia que todo el país, que todo México, también se mueve.

Muchas gracias



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